Unificar las altas cortes: ¿remedio peor que la enfermedad?

Esta semana la Corte Suprema de Justicia ordenó medida de aseguramiento preventiva para quien es tal vez la figura más controvertida y con mayor capacidad de influencia de los últimos años en la política colombiana: Álvaro Uribe Vélez, esto como resultado de un proceso que salpica al expresidente y ahora ex senador por la presunta manipulación de testigos en un caso que pretendía llevar contra el senador Iván Cepeda.

Las reacciones no se hicieron esperar, a la orden del día están las celebraciones de aquellos que ven la decisión de la corte como un triunfo para la oposición y también el descontento de aquellos que defienden a capa y espada la inocencia de Uribe Vélez.

Quienes lo defienden van desde los ciudadanos de a pie que se sienten agradecidos y representados por Uribe Vélez hasta el mismísimo presidente de la república Iván Duque, en esa defensa surgida en las últimas horas algo que ha hecho eco: la propuesta ya traída a la luz en otras ocasiones de unificar en una sola las altas cortes del país.

La propuesta puede mostrarse como un remedio para los problemas y descontentos de una sociedad en la que está popularizada una percepción de ineficiencia en la Rama Judicial, pero la realidad puede ser distinta, y es que una medida de tal magnitud no trabaja como una fórmula mágica que pueda garantizar efectos positivos para el país. Uruguay, por ejemplo, tiene una sola corte y es testimonio de éxito… pero también Venezuela tiene una sola corte, y ya sabemos cuál es su situación actual.

Los efectos de una medida así solo pueden ser entendidos en el contexto propio de cada país y debe ser un debate serio en el cual se tomen en cuenta las opiniones de los distintos expertos en el tema, se analicen todas las variables y se tenga como fin último mejorar la administración de justicia en al país y no servirle a interés de uno u otro sector político o surgir de un descontento temporal.

Si se me permite, mi invitación a quienes en este momento se sienten molestos por la situación actual del señor Álvaro Uribe Vélez es que, por ahora, permitan que la justicia tome su curso, que sean firmes en la exigencia de un debido proceso y no de una abolición de las cortes, pues ya tendrá el expresidente la oportunidad de defenderse haciendo uso de los mecanismos ya establecidos (porque sí, los hay) y después, con cabeza fría, analizar muy bien cuáles serían los efectos positivos y negativos que podría traernos unificar las altas cortes.

Sería interesante ver en la agenda nacional más debates que nos llenen de conocimiento y opiniones sobre cómo hacer que nuestras instituciones funcionen mejor y establecer si la solución es, o no, reformarlas desde sus cimientos.

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