Vuelve la calma a Nigeria luego de tres días de violencia

Desde hace días, miles de jóvenes en las grandes ciudades de Nigeria, salieron a las calles para denunciar la violencia policial. Hoy la calma regresó a la ciudad de Lagos.

La tensión decaía poco a poco este viernes en la ciudad nigeriana de Lagos, que tenía sus calles desiertas, controles policiales y solo algunos saqueos, al cabo de tres días de protestas, disturbios y una cruenta represión en esta capital económica de Nigeria.

El jueves por la noche, el presidente Muhammadu Buhari, había advertido en un discurso televisado que no permitiría que “nadie ni ningún grupo ponga en peligro la paz y la seguridad nacional”, y lamentó haber sido demasiado débil desde que se iniciaron las protestas.

Desde hace 15 días, miles de jóvenes en las grandes ciudades de Nigeria, inicialmente movilizados vía las redes sociales, habían salido a las calles para denunciar la violencia policial y la ineficacia y corrupción del poder central. Esas manifestaciones fueron pacíficas hasta principios de esta semana.

Pero el martes, la dura represión de las fuerzas de seguridad contra miles de manifestantes pacíficos en Lagos, causó al menos 12 muertos, según la oenegé Amnistía Internacional, provocando una ola de indignación en el país y en el extranjero.

Y los dos días siguientes estuvieron marcados por saqueos, incendios y disturbios en Lagos, una ciudad de 20 millones de habitantes. Desde el inicio de las manifestaciones hace dos semanas, un total de 56 personas murieron en todo el país, según Amnistía Internacional.

Calles desiertas

Este viernes, al alba, varios camiones de policía con agentes armados con fusiles Kaláshnikov controlaban los escasos automóviles en las calles desiertas, y dispersaban a los peatones que intentaban volver a sus domicilios, más de dos días después de que se implementara un toque de queda total en la ciudad.

En los barrios populares, donde varias comisarías o edificios oficiales fueron incendiados, y las tiendas saqueadas, reinaba este viernes una cierta tranquilidad.

Sin embargo, grupos de jóvenes seguían bloqueando automóviles a cambio de algunos billetes, pero estos incidentes parecen responder más bien a la desesperación de los habitantes pobres de la ciudad, empobrecidos tras cinco semanas de confinamiento en marzo, debido al coronavirus, y de nuevo sin poder trabajar a causa del toque de queda.

Nigeria, primera potencia económica del continente africano gracias a su petróleo, es también el país del mundo que tiene el mayor número de personas que vive bajo el umbral de la extrema pobreza.

Llamados a la calma

En las redes sociales, las figuras del movimiento popular y las celebridades del país que se habían comprometido al lado de los manifestantes, expresaron su frustración después del intransigente discurso del presidente Buhari. La mayoría, no obstante, hizo llamados a la calma, y varios sugirieron que las protestas debían ahora tomar otras vías.

La “coalición feminista”, que coordinó parte de la ayuda aportada al movimiento, invitó a la juventud a permanecer en sus casas, y subrayó que “ninguna vida merece ser perdida”. Por otra parte, el gobernador de Lagos publicó la lista de oficiales de policía “imputados ante la justicia por violación de derechos humanos”, como señal de compromiso para “reconstruir Lagos y poner fin a la impunidad policial”.

Amnistía Internacional pidió el viernes “la apertura inmediata de una investigación independiente”, en especial sobre una matanza en el peaje de Lekki, donde el martes murieron 10 personas, según esta oenegé, generando conmoción en el país y a nivel internacional.

El presidente Buhari, exmilitar golpista en los años 1980 y luego elegido democráticamente en 2015 y en 2019, no aludió en su discurso del jueves por la noche a esta represión, e invitó a la comunidad internacional, que condenó masivamente la acción policial, “a esperar a tener todos los elementos entre las manos antes de juzgar”.

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