Honrar a padre y madre

Honrar a padre y madre. Por Arianna Córdoba Díaz * Jefe de Programa de Comunicación Social – UNISINÚ-

Advertisements

Muy angustiada porque no recibía llamadas de sus hijos desde hacía un poco más de un año una señora de la tercera edad en México, fue a un centro de reparación de celulares para que revisaran su equipo, pues estaba convencida que estaba dañado y que por ello no entraban las llamadas de los seres a quienes les dio la vida.

Un primer dependiente le quiso cobrar una cifra astronómica para supuestamente “arreglarle el daño”, pero otro más compasivo que se percató de la situación, le dijo a la señora que dejara el celular y que luego pasara a recogerlo, que él lo “componía” gratis. En efecto así hizo la señora.

Cuando la dama ilusionada con el arreglo del móvil se fue del local, el encargado que había intuido que el celular no tenía daño alguno que le impidiera recibir las llamadas de los hijos, llamó a uno de estos y le dijo que llegara a encontrarse con su progenitora, que ella iba a llegar en poco tiempo al local y que estaba ansiosa por saber de él y sus hermanos.

El hijo afortunadamente llegó al negocio justo a tiempo para encontrarse con su progenitora, ella se emocionó mucho y sí, sigue convencida que su celular estaba dañado y que por ello era que no recibía llamadas de estos.

Ni se imagina que era ingratitud, desamor o quién sabe qué mal sentimiento se había incrustado en el corazón de sus vástagos que les impedía mandarle siquiera un mensaje de texto.

Esta triste historia y otras similares en la que los hijos se olvidan de sus padres o los maltratan de diversas maneras, llevan a reflexionar sobre la reciente aseveración del Papa Francisco, quien tachó de egoístas a quienes prefieren tener mascotas en lugar de hijos.

Un aluvión de críticas por parte de numerosas personas, especialmente los denominados animalistas, cayó sobre el Sumo Pontífice por estas declaraciones, otros tantos están de acuerdo con Francisco y se oponen a darles el espacio de los humanos a los animales.

Hay entonces que mirar desde diferentes ópticas la situación. Por un lado, a la madre mexicana que añoraba la llamada de los hijos, quizás le hubiera ido mejor tener mascotas a su lado que fueran menos ingratos que sus descendientes; así igual con otros padres que en el ocaso de su vida, después de haberlo dato todo por sus muchachos, estos simplemente les dan la espalda y los abandonan a su suerte.

Por otro lado, si bien está amar a los animalitos y tener mascotas que nos alegran la vida y llenan momentos de soledad, no se debe llegar a la exageración – muy frecuente por estos tiempos- de humanizarlos, en muchas partes se ve que a los perritos o gatos quieren imponerles características de los humanos, lo que es contrario a su naturaleza.

Antes de hacerlo recuerde esta máxima “no hagas con otros lo que no quieres que hagan contigo” ¿le gustaría a usted que los perros, por ejemplo le obligaran a comer como ellos, andar en cuatro patas y adoptar sus demás características? Seguramente no.

Entonces, no hay que llegar a los extremos, pero lo que sí es recomendable es recordar ese cuarto mandamiento de la Ley de Dios “honrar a padre y madre” sobre todo porque en términos generales son los seres que además de darnos la vida, estarían dispuestos a darnos la suya propia para protegernos y librarnos de todo mal.

Compartir en

Comments are closed.