Inseguridad agobiante

Por Arianna Córdoba Díaz. Jefe de Programa de Comunicación Social – UNISINÚ

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Hay problemas como la inseguridad que afectan a todos los habitantes del territorio nacional. Además de los frecuentes robos, fleteos a cualquier hora del día y en cualquier lugar – como se vio en los videos de los atracos en Bogotá ampliamente difundidos la semana anterior, en los cuales los delincuentes aprovechan los eternos trancones capitalinos para atracar a la gente en sus vehículos- hay todos los días hechos que lamentar y que como ya son tan frecuentes parece que se nos vuelven parte del paisaje, los “raponazos” callejeros y hurto de celulares, por ejemplo.

A esa realidad – porque no es percepción- se suman hechos de orden público como la masacre de los siete policías en Huila, la invasión de terrenos privados en varios departamentos y otros acontecimientos escabrosos como los cadáveres en bolsas que aparecen en diferentes sectores de la “Atenas sudamericana”, entre otros que minan aún más la sensación de seguridad entre los colombianos.

La ciudadanía mira con impotencia como pareciera que el mal y el terror se apoderan sin control de nuestros cuatro puntos cardinales, y para rematar, como si no fuera suficiente con las bandas delincuenciales ya conocidas en Colombia, se nos informa que, hasta transnacionales del crimen, como el “tren de Aragua” está en nuestro país cometiendo pavorosas fechorías, a ellos le han atribuido los cadáveres descuartizados que hallan, casi que cada día, en Bogotá.

 

Restablecer la seguridad en el país no es solo responsabilidad de los miembros de nuestra fuerza pública, imposible que ellos den abasto para atender todas las necesidades en ese sentido; se requieren políticas realmente efectivas que hagan de Colombia un país seguro. Hay que de pronto mirar en otros territorios acciones que se realizan y que han resultado eficaces contra el crimen.

En El Salvador, su presidente, Nayib Bukele, decidió enfrentar “Las maras” como se conoce a las otrora muy fortalecidas pandillas en ese país con un régimen de excepción que fue prorrogado en cinco ocasiones y que permitió que en el país centroamericano se respirara seguridad. Pasaron allá varias semanas, desde que comenzó el plan “Guerra contra pandillas” sin que se presentara ni un solo homicidio en todo el país. Lógicamente Bukele fue cuestionado y el plan no les gustó a todos –especialmente a los pandilleros- pero ha dado los resultados esperados.

Más cerca de Colombia, en Guayaquil, Ecuador, su alcaldesa Cynthia Viteri, como una de las estrategias para contrarrestar la delincuencia decidió presentar en grandes pantallas públicas el rostro de cada delincuente que era capturado en flagrancia y armado fuera con puñales o armas de fuego. Como era de esperarse le cayeron encima por vulneración de derechos, etc., etc., varias organizaciones y demás, entonces ella decidió no solo continuar mostrando la cara de quienes cometían los ilícitos, sino también los nombres de los fiscales y jueces que llevan cada caso.

Argumenta Viteri ante las críticas que, cada vez que se muestra el rostro de un delincuente que con armas amedrenta a sus posibles víctimas, está salvando una vida… la de un ciudadano del común que necesita sentirse seguro en las calles de su poblado.

Hay que garantizar la seguridad de la población a toda costa, pero con estrategias realmente efectivas con las que el ciudadano se sienta confiado y protegido, no que perciba que se garantizan más los derechos de los victimarios que los de las víctimas

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