Medio ambiente, la vida en un suspiro

Por: Marcos Daniel Pineda García

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Nunca he logrado comprender por qué cuando se habla de medio ambiente, parece como si se hablara de un asunto ajeno, algo que no nos atañe, un problema de otros, ante el cual no nos corresponde hacer nada.

Un día más en el calendario de las Naciones Unidas, un par de líneas que algún líder menciona en su discurso, solo para sonar a tono con los intereses de algunos grupos. La perorata de unos cuantos activistas, a quienes es mejor ignorar para no pasar por “hippies revoltosos”.

Es como si todo aquello que aprendimos de niños en las clases de ciencias naturales fuera algo extraño. Aunque de manera literal nos hayan explicado el ciclo del agua, la cadena alimenticia, los reinos de la naturaleza y la relación vital que existe entre ellos, lo nocivo de la contaminación, el concepto de reciclaje, lo renovable o no de los recursos naturales, seguimos transitando un camino muy alejado del que deberíamos.

En el caso de Suramérica, creemos que el problema de la acelerada degradación del medio ambiente, obedece únicamente a las grandes potencias industrializadas y que solo a ellos afecta. Tal vez estamos confiados en las estadísticas que nos ubican en el top de los territorios más biodiversos del mundo, con mayores fuentes de agua y también como una de las regiones que menos gases de efecto invernadero emiten, según el ranking de la Comisión Europea.

Pero basta saber que a junio de 2020, tan solo durante los 10 meses anteriores a esa fecha, fueron deforestados 4.567 kilómetros cuadrados de selva amazónica, cifra que resulta alarmante, si se tiene en cuenta que según Greenpeace, en la década de los 90 el bosque nativo de esta importante región, considerada el pulmón del mundo, era capaz de absorber 2.000 millones de toneladas de CO2, mientras que en la actualidad solo se encontraría a la mitad de esa capacidad.

Aunque con esto queda claro que los países del sur del continente también hacemos parte del problema, el hecho que estemos en vía de desarrollo nos pone ante un gran reto y nos da la valiosa oportunidad de aprender de los errores de los llamados países desarrollados: apartarnos un poco del modernismo sin modernización al que le hemos apuntado como civilizaciones más jóvenes, y enfocarnos en la sostenibilidad como alternativa de progreso. Hoy sabemos que esta visión puede darse en perfecta armonía con el medio ambiente, sin ir en detrimento de la ambición de crecimiento de nuestros pueblos.

No podemos seguir creyendo que es un asunto de ciertos grupos políticos, tampoco podemos esperar una solución mágica de la comunidad científica, a la cual debemos prestar más atención y tampoco es correcto dejar el problema en manos de las nuevas generaciones.

Es erróneo pensar que nuestras fronteras forman una burbuja que nos protege de los problemas medioambientales generados por los demás, ya que el aire que respiramos no conoce de divisiones, el mundo que habitamos es el mismo para todos y si no lo cuidamos, la vida se nos puede ir en un suspiro.

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