Odio e inquinas en la política colombiana

Toda la política colombiana; toda, sin excepción, está plagada de odio e inquinas. Al parecer está influenciada por la DOCTRINA DEL ODIO, doctrina que aplicada en la política y en cualquier otra actividad; degrada el comportamiento humano y hace de la paz una ilusión irrealizable.

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Jerome Lavrilleux, que durante mucho tiempo manejó el partido político del expresidente francés Nicolás Sarkozy; dice que, en política, el cinismo es un instrumento cotidiano que adquiere su plena vigencia si puede apoyarse en el odio y la violencia. Y, afirma: “Quien odia es violento”.

Inspirar la política en la DOCTRINA DEL ODIO es jugar sucio, porque es valerse del odio hecho violencia, para alcanzar el poder o cualquier otra aspiración, o, para atemorizar o exterminar a los contrarios.

La política inspirada en la DOCTRINA DEL ODIO, apela a la calumnia. “Calumniad, calumniad que de la calumnia algo queda”; decía Voltaire en su tiempo. Tal vez esto lo hizo acreedor de la antipatía de sus congéneres, que no se conmovieron de su angustia en la agonía de la muerte, cuando pedía agua para saciar su última sed de vida. Le tocó comerse sus propios excrementos al no encontrar una gota de agua amiga para medio limpiar su lengua fecal.

La diferencia como problema preeminente, inspirada en Nietzsche, no puede dirimirse a punta de odio. Las diferencias entre intelectuales, académicos y políticos, deben ser pedagógicas, educativas y ejemplares; jamás caer en el escenario del odio, de la violencia y de las inquinas.

El odio es la chispa de la violencia de ayer y de hoy en todo el decurso de la historia política de Colombia. Así lo demuestran sucesivas confrontaciones bélicas.

En este orden violento se destaca un sartal entre otras; las siguientes guerras:
-Las guerras separatistas de 1830.
-La Conspiración de núcleos bolivarianos al mando del general José Sardá en el año 1835.
-La guerra de los Supremos entre 1839 a 1841.
-Guerra conservadora y del clero en el año 1852.
-Golpe militar del general José María Melo y guerra civil en el año 1854.
-Guerra entre federalistas y centralista, entre 1860 a 1863.
-Cincuenta y cuatro guerras civiles, entre 1864 a 1884.
-Guerra de los mil días, entre 1899 a 1902.
-La bárbara represión a la sublevación indígena conducida por Manuel Quintín Lame en el año 1916.
-La masacre de las bananeras en el año 1928.
-La violencia desatada por el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán.
-La violencia guerrillera y paramilitar, acompañada de innumerables crímenes impunes.

Todo este turbión violento se inspira en el odio de unos contra otros. El odio según algunos psicólogos, es: “UN SENTIMIENTO HUMANO IRRACIONAL PRODUCTO DE NUESTROS TÚNELES MENTALES”. Se encuentra muy arraigado en la historia de la política colombiana, donde se aplica mucho antes de la aparición de la DOCTRINA DEL ODIO del fascismo de Hitler, de Mussolini y de los “camisas negras”.

Desarraigar la DOCTRINA DEL ODIO Y LAS INQUINAS de la política y de toda actividad eleccionaria, es hacer de la política una actividad decente, majestuosa y admirable. Tarea nada fácil; porque no hay limpieza en la política colombiana. Todos los Partidos en mayor o menor proporción, no juegan limpio, especialmente en los debates electorales; escenario utilizado para ” tirarse los trapos al sol”.

La costumbre tradicional de hacer política sucia, es una innegable realidad. Y, peor, con el ingrediente de la violencia. Es esta una faceta imperfecta de la democracia en Colombia.

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