Diecinueve años del crimen de mi hermano Iván

Un desgraciado martes 18 de septiembre de 2001, minutos después de las 7 de la noche, nuestro queridísimo hermano IVÁN GARNICA DÍAZ, siguió la costumbre de la que habla Jorge Luis Borges, al decir: “morir es una costumbre que suele tener la gente”. Murió como jamás debió haber muerto, murió asesinado, consciente de los minutos previos y angustiosos a su consumación.

Ese infausto martes, recibí una llamada presagiadora de una congoja anunciada; me decían que al frente del Estadio de Béisbol Eugenio Valdés de Montería, habían matado los matones, a una persona parecida a Iván, que conducía una camioneta también parecida a la de él, y, que me confirmarían. Casi que al instante me dijeron: es él. Me quedé sin saber qué hacer, pero lo que sí sé, es que el dolor de muerte es incalmable.

Mi gran dilema era encontrar las palabras y el modo de decirle a Amadita, nuestra madre de 72 años; no sabía que decirle, pero tenía que decírselo antes que alguien se lo dijera no de la mejor manera. Me le acerqué con el corazón agitado y un asfixiante turugo en la garganta, ella ignoraba su desgracia y yo con la desgracia de ser mensajero de una desgraciada noticia. Sabía que le asestaría una herida insanable en el corazón de madre y un sufrimiento eterno, porque para una madre jamás hay resignación y consuelo que valga, cuando pierde un ser de sus entrañas. Con voz entrecortada y frenada por la tristeza le dije: asesinaron a Iván. ¡Qué momento ese! Sus lágrimas se fundieron con las mías.

A mi hermano “Nacho”, “Vancho”, como solíamos decirle, lo asesinó Mancuso y una de sus mesnadas criminales comandada por alias “Visaje”. Fue un crimen supuestamente orquestado desde la Universidad de Córdoba.

El crimen de Iván, de Manuel Ruiz y de otros, ocurrieron después del Pacto de Ralito, para refundar la república, suscrito el 23 de julio del 2001, ese día varias finas camionetas con vidrios polarizados, irrumpieron en las trochas polvorientas de este caserío, transportando a algunos de los llamados “gente de bien”, y también a algunos de los llamados “padres de la patria”. Muchos de ellos como decía Petro en el Senado, al mismo tiempo que hacían leyes preparaban masacres. En este macabro propósito ya habían elegido el 35 por ciento de congresistas parapolíticos, según expresiones del propio Mancuso, quien tuvo el privilegio el 28 de julio de 2004, en el horario de 9 a 10:30 de la mañana, en compañía de Ernesto Báez y Ramón Isaza, previa autorización del entonces presidente Álvaro Uribe, ser recibidos en el Senado de la República. De aquí en adelante sólo me resta parodiar al insigne folclorologo sinuano, el Dr. Guillermo Valencia Salgado el “Compae Gollo”, cuando decía: “Tener algo que decir y no poderlo expresar con fluidez no deja de ser un golpe matrero en partes nobles”.

Vuelvo al 18 de septiembre de 2001; a las 7:10 de la noche, aproximadamente pasa mi hermano Iván frente a un árbol de Camajón en el barrio P5 de Montería, ahí había un retén de la policía. A pocos metros de ese retén es impactado por la espalda; el en su desespero aumentó la velocidad de su camioneta, no obstante, la mesnada comandada por “Visaje”, lo persiguió y siguió disparándole, pero al llegar al frente del Estadio Eugenio Valdés se la atravesó una camioneta blanca como parte del plan criminal. El viró a la izquierda como haciendo la “U” de tránsito, circunstancia que aprovecharon los sicarios para acribillarlo cobardemente.

Murió con los ojos bien abiertos como pidiendo clemencia y mostrando su indefensión, murió con una mirada amplia como despidiéndose de su familia, como diciendo un adiós visual. Cuentan que la gente le gritaba a los policías: “lo van a dejar matar y lo dejaron matar ¡MALDITOS ASESINOS! Mancuso y sus crimínales no se imaginan el daño que nos causaron, al igual que los orquestadores de este crimen.

Te comento hermano que el autor intelectual de tu crimen, el asesino Salvatore Mancuso, en una audiencia le pidió perdón a Sonia tu esposa por haber cometido tu crimen, según él, engañado. También te digo hermano Iván, que éste célebre criminal ya pagó una pena en los Estados Unidos por narcotráfico; le toca responder en Colombia por los incontables crímenes cometidos. Pero sobre su regreso al país se presume que el actual gobierno, enemigo del Proceso de Paz, y mucha gente no están interesados en la venida de Mancuso al país, para que no diga la verdad sobre tantos asesinatos y masacres crimínales ocurridas en el país y para que no se descubra que muchos personajes denominados: “gente de bien, están más sucios que un rancho solo”.

Hoy 18 de septiembre estamos muy tristes, son 19 años sin el tercer hijo de Amadita; 19 años de habernos descompletado el cuarteto de hermanos integrado por: Carlos, Iván, Rafael y quien escribe este artículo; son 19 años de Sonia sin su esposo; son 19 años de la ausencia del padre de: Tatiana, Rosana, Adriana, Juan Camilo e Iván Camilo. Iván Camilo se parece mucho a Iván padre, es como si lo hubiera hecho con el pincel de Picasso.

A los 19 años de tu crimen, hermano Iván quiero decirte que sigues vivo, en los únicos lugares donde siguen vivos los muertos; son lugares invisibles y maravillosos, propios de la naturaleza humana, eso y sólo esos son: el pensamiento, la memoria y los recuerdos que de ti tenemos, porque te seguimos amando hasta el último hálito de nuestras vidas.

Hermanito, nuestra madre, vive en mi casa, va a cumplir 92 años, los cumpleaños hay que festejárselos con todo lo de la ley, y en esos festejos baila porro conmigo, bailamos el porro “La Lorenza” le gusta mucho. Tiene en su habitación al frente de su cama un retrato tuyo, grande y6 enmarcado, eres su compañero. No me imagino lo que sufre cuando te ve a cada instante. En ese retrato eres auténtico. No sabes la falta que nos haces. Nuestra madre hoy ha derramado muchas lágrimas y está muy acongojada.

Hoy para nosotros es un día muy triste; nuestra madre vieja no dudo le duele el alma por un sufrimiento que lo carga a cada paso y a cada momento y más cuando mira tú retrato; y todos estamos henchidos de congoja porque nunca hemos dejado de extrañarte hermano Iván.

Al escuchar de la autoría de Emiliano Zuleta, la bella y sentimental canción vallenata: MI HERMANO Y YO, te pinto como ese hermano de alegrías y tristezas. Recuerdo que el día anterior a tu crimen, me visitaste bien temprano, yo salí a la puerta a despedirte, y te seguí con la mirada, pero nunca imaginé que esa fue una despedida para siempre.

Siempre estarás indemne en nuestros corazones ante los soplos del tiempo.

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