El bingo del 7 de diciembre

Artículo de opinión de Daniela Ríos Guarín

Hace 30 años se fundó el barrio Canta Claro en el sur de la ciudad de Montería, considerado el barrio más poblado de la capital de Córdoba, dividiéndose en 11 sectores dentro de los que se encuentra: Ñipi C, a este barrio de clase baja, de gente humilde, trabajadora y soñadora llegó el señor Francisco Ramiro Peña Poyett, o más conocido en el sector como “El señor Pacho”. A sus 29 años de edad, con sueños y metas por cumplir se estableció en una humilde casa que a lo largo de los años ha ido mejorando. Nació en el barrio La Granja hace ya 59 años, pero parece que los años no le pasan, sigue teniendo alma de niño alegre y loco por la vida, que va de un lado a otro sacando risas de casa en casa, saludando a los vecinos y viendo en qué puede colaborar, sus carcajadas se escuchan de lejos y no hace falta voltear a ver porque ya sabemos quién es. Estudió hasta cuarto primaria en el colegio Policarpa Salavarrieta, y lo poco que estudió fue de noche, ¡sí! yo también me sorprendí cuando me dijo que, de noche, pues nunca lo había escuchado, pero afirma con la cabeza que así fue y en las tardes trabajaba vendiendo frutas y verduras en carretillas por las calles de la ciudad de Montería.

Cuando publiqué mi tercera crónica de los areneros, me pregunté: ¿y ahora sobre que más escribo? Tenía muchas ideas en la cabeza y le decidí preguntar a mi madre y ella me recomendó escribir sobre los bingos que año tras año realizan en nuestro sector y yo dije, que buena idea, como no se me había ocurrido antes y así empieza esta historia que al inicio del texto les di un abre bocas  y así fue, el día  8 de diciembre esperé que Francisco pasara por mi casa para  preguntarle si podía hacerle una pequeña entrevista y conocer más sobre esta tradicional bingo, él aceptó y al día siguiente fui hasta su casa a las 2:00 de la tarde como lo habíamos cuadrado, estaba lista para conocer más, pero para mi sorpresa al llegar a su casa me recibe su sobrino que muy noblemente se levanta de una mecedora y me dice que su tío estaba descansando, pero que no me preocupara que apenas se levantara  le decía que fuera a mi casa. Llegué a mi casa y estaba un poco triste, pero 10 minutos después mi mamá me llama, “Danielaaaaaa, venga que la necesitan” salgo y estaba el señor Pacho con su sonrisa infaltable, le pregunto, ¿Dónde se siente más cómodo para hacerle la entrevista, en mi casa o en su casa? Me respondió que, en mi casa, así que entra y en la asoleada sala, que a esa hora el sol pega en toda la pared y ni con el abanico pega algo de fresco. Decidimos iniciar una conversación en la que me cuenta que llegó al barrio cuando tenía 29 años de edad. Cuando había pasado 2 años de estar viviendo en este sector regularmente veía muchas problemáticas, crisis económicas, niños y niñas que se acostaban sin comer, en navidad no tenían regalos y todo el tema le preocupaba, como también que la calle estaba desordenada.

A raíz de esto toma la decisión de iniciar los tradicionales bingos con el fin de recolectar dinero y darles regalos a los niños, organizar la calle y ayudar a los más necesitados. El bingo hoy completa 27 años de haber iniciado, siempre los ha cantado el señor Pacho y cuando lo intenta otra persona no suena muy bien, es que la voz de Pacho es tan única en el barrio que nadie quiere que lo cante otra persona, cada número lo canta con tanta emoción que uno piensa que se lo va a ganar y es tan burlesco que ni los números se salvan, un clásico ejemplo es al momento de cantar el número 11, primero dice: “el numero de las mujeres, empieza con uno y termina con uno” ya las personas saben que es el número 11, otro ejemplo es con el numero 22 “los patitos” o el número 18 “el cartón del pacho” y como estos hay muchos, a la mayoría de los números le tiene un sobre nombre o le saca un chiste. No es lo mismo escribirlo a escucharlo, hay una gran diferencia que ojalá todos los que lean esta crónica tenga la oportunidad de venir, jugar y reírse un buen rato. El bingo nace en el sector Ñipi C, pero cada año muchas personas de otros barrios vienen a jugar, sobre todo el 7 de diciembre que es el ultimo día y en el cual los premios son demasiados agradables.

Los bingos empiezan a las 8:00 pm todos los días desde la primera semana de octubre hasta el 7 de diciembre, primero ubican varios bafles medianos a lo largo de la calle que  cubre 3 cuadras, luego el señor Pacho inicia con la publicidad gratuita de todos los negocios y emprendimientos que hay, razón por la cual el sector también es conocido como, “La calle del rebusque” por toda la variedad de negocios que hay, entre los que se destacan, tiendas, cacharrería, carpintería, billares, talleres de motos, farmacias, comidas rápidas, ventas de helados y frutas, restaurantes y personas que trabajan con revistas y ropa desde sus casa. En total son 33 negocios, contados con los dedos de sus manos. Para la publicidad de los negocios a la mayoría le saca un chiste, por ejemplo la tienda de mi madre se llama: Las 3 Rosas, y pacho le dice “Tienda Las 3 Rosas, Rosita, Rosota y Capullo”, luego da continuidad a felicitar a todos los cumplimentados, le envía un mensaje y hasta les ponen música, después esperan unos minutos y comienza el bingo, primero 3, luego receso, prontamente 3 bingos más, y por último uno que es cartón lleno el cual, como mínimo gana 30.000 mil pesos, con un valor de 3.000 el cartón  y los fines de semana la persona gana 50.000 mil y en alguna ocasiones 70.000 y el cartón vale 5.000mil. Desde el 1 de diciembre hasta el 6 de diciembre, el bingo gana, 100.000 mil pesos con un valor de 5.000 mil pesos y el 7 de diciembre se juegan 11 bingos con un premio mayor de 700.000 mil, segundo puesto 50.000 y los demás premios son cajas de cerveza o pollos asados. Cabe resaltar que cada año traen bandas, arman carpas y cierran la calle con el permiso de la alcaldía municipal y el acompañamiento de la policía.

Las personas sacan las sillas, mesas, y buscan piedras, maíz o papelitos para jugar haciéndolo desde la comodidad de sus casas, al momento de ganar gritan duro el bingo y se va formando una ola mientras la persona corre con el cartón hasta el lugar donde el señor Pacho canta el bingo, miran si es correcto y le entregan el premio correspondiente.

Francisco o Pacho, se despidió este año de los bingos, algo que tiene muy triste a la comunidad, o como él mismo lo dice “la gente está cabrera, pero ya la voz no me da para seguir cantando el bingo”, ¡a esta triste noticia me surge la curiosidad de saber en los 27 años cuál ha sido el mejor bingo y vaya sorpresa! me dice que el mejor fue este año así, en medio de la pandemia y del virus, Pacho afirma que la gente se comportó mejor, se vió mayor interés en el bingo y la personas jugaron más. Una vez me dice esto también me surge la curiosidad de saber qué se hará este año con los recursos recolectados, pues a parte de darle dulces a los niños en el mes de octubre y dar aguinaldo en diciembre.

“Este año pensamos montar una microempresa con los negocios de la misma calle… La idea es apoyarse unos a otros.  A las familias de recursos menores se le dará 100.000 mil pesos para que comiencen su emprendimiento” afirma Francisco Peña.

Así llevo casi 9 años viviendo en la hermosa perla del Sinú, los mismos años llevo observando cómo año tras año la comunidad le toma más amor a esta tradición. Esta costumbre es muy interesante, ya que se presenta la oportunidad de compartir con los vecinos, de conocer los nuevos negocios o emprendimientos que hay en el sector, de ayudar al prójimo y de vivir un rato en alegría y armonía con quienes por años han sido vecinos y muchos se convirtieron en ese amigo incondicional que nunca falta.

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