La inseguridad alimentaria en Colombia

Artículo de opinión de: Horacio Garnica Díaz

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El Programa Mundial de Alimentos y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), sostienen que 7,3 millones de compatriotas en el presente año (2022) necesitan ayuda alimentaria.

Esta aseveración es congruente con las cifras publicadas por el Departamento Nacional de Estadïsticas (DANE), al precisar que el 42,5 % de la población (21 millones de personas) se encuentra en pobreza monetaria una parte con ingresos de $331.000 mensuales. La otra parte 7,4 millones de personas viven en pobreza extrema con un ingreso promedio mensual de $145.000. A esto se le agrega la altísima carestía de la canasta familiar.

Al respecto la Dra. Sara Eloisa del Castillo, coordinadora del Observatorio de Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional de la Universidad Nacional de Colombia, en un artículo sostiene que: “parece que lo preocupante para el gobierno (los anteriores de gobiernos) es que se sepa que estamos en una lista, un mapa o una noticia que afecta la imagen del país, y no el imperativo de asumir con responsabilidad y ética el hecho de que hoy en Combina las personas hambrientas son demasiadas”.

El drama de la pobreza y el hambre se agudiza por los altos costos de los 30 % de los productos alimenticios que se consumen en Colombia, y estos son de importación, correspondiente a 12 millones de toneladas.

El país importa productos agropecuarios, alimentos y bebidas, tales como: maíz, trigo, torta de soya, aceite de palma, azúcar de caña, hortalizas cocidas o conservadas, leche, aceite de soya y cebada.

El manifiesto Nueva Cultura

Alimentaria sostiene que el país tiene una tasa de importación de cereales muy alta. Este es un hecho inexplicable porque Colombia tiene el 10 % de la biodiversidad del mundo, una diversidad de suelos ignorada y desperdiciada que asciende a ocho clases de suelo.

Es necesario dejar claro apartes de un análisis de la

Universidad Nacional de Colombia, cuando dice que el hecho de que en un país no haya escasez de alimentos no garantiza el acceso de estos en la cantidad y calidad que requiere su población, y no son los programas asistenciales los garantes de un consumo suficiente para cubrir las necesidades nutriciones de los hogares más pobres.

Atacar el hambre en Colombia implica minimizar los efectos de la pobreza: redistribuir la tierra; hacer realidad la paz total, democratizar la educación y reducir las importaciones de alimentos incrementando la producción nacional.

Afortunadamente el gobierno del presidente Petro presentará un proyecto de Ley Contra el Hambre, proyecto que se complementa con otros proyectos de gran impacto económico y social.

Definitivamente el cambio es ahora en la hora de ahora y no hay que desfallecer, son muchos años en la necedad política de llevar a la presidencia a alguien diferente a las dinastías.

Políticas que han mal gobernado, y que son merecedores de enrostrarle la pobreza y el hambre que padecen muchos compatriotas. Sin contar el sartal de malas actuaciones de gobiernos, presuntamente elegidos sin la transparencia requerida.

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