¿Los influencer asustados por la ley 1480 de 2011 y la SIC?

la Ley 1480 de 2011 es el marco jurídico donde se establecen lineamientos o parámetros diseñados para garantizar la protección mínima del consumidor en lo referente a publicidad ya sea la clásica – tradicional o la nueva tendencia implementada en el mundo digital.

Hay que recordar que esta ley tiene casi 10 años desde que fue creada, y en todo este tiempo muchas cosas han cambiado, una de esas es el alcance de la figura pública llamada “influencer” y su poder para incidir en los comportamientos de consumo en sus seguidores, es decir; prospectos de clientes de productos o servicios atentos a sus sugerencias.

La relevancia en el mundo de la publicidad, marketing y negocios que ha tomado la figura del “influecer” es tanta que muchos países han tenido que empezar a legislar sobre el tema, Holanda, E.E.U.U., Chile y Perú abanderan el desarrollo de normatividad especifica respecto al tema. Por su parte Colombia ha entendido que este fenómeno social llegó para quedarse y por ello urge intervención, de tal manera que la SIC o Superintendencia de Industria y Comercio está desarrollando la “GUÍA DE BUENAS PRÁCTICAS EN LA PUBLICIDAD A TRAVÉS DE INFLUENCIADORES”.

En este manual o guía lo que se busca es crear unas pautas o lineamientos específicos para mejorar el control sobre estas figuras públicas y darle como resultado una garantía mínima a los seguidores o consumidores para no ser engañados en la información recibida.

¿POR QUÉ ES IMPORTANTE METER EN CINTURA A LOS INFLUENCER?

Es importante un control toda vez que a diferencia de las empresas legalmente constituidas que pagan sus impuestos, que tienen una constante vigilancia estatal y un marco normativo claro sobre el cual regirse, un influenciador escapa fácilmente a la esfera del control estatal, por lo general no declara impuestos de los dineros recibidos, no firma contratos o por lo menos nadie se entera, mucho menos si son verbales, en pocas palabras, no es regulado de manera directa y lo peor, su capacidad de convocatoria o “influencia” sobre masas es igual o más contundente que muchas empresas millonarias con cientos de personas trabajando en ellas, sin sumar que incluso puede darse lujos que muchas empresa no hacen, como por ejemplo: “Rifar 10 millones de pesos entre sus fans” como si nada, es decir, mueven mucho dinero.

Esta situación tiene parada en las pestañas a la Superintendencia de Industria Comercio como máxima autoridad en la materia y protectora del consumidor, pues una de sus funciones es garantizar que el consumidor no sea timado con publicidad engañosa, habida cuenta que un influencer puede escribir simplemente que usó tal producto o servicio, recomendarlo incluso, sin ni siquiera haberlo utilizado y de inmediato provocar que miles de personas lo adquieran exponiéndolas a un error o peor, a un engaño.

Como decía el señor Hermes Pinzón “el papa de Betty la Fea”: ¡el diablo es puerco!  Seguramente muchos a falta de control se pueden volver una lavadora de dinero del narcotráfico si así lo quisieran, pues insisto, muchos no le rinden cuentas a nadie, así mismo incomodan a las grandes plataformas publicitarias ya que evidentemente tienen una ventaja logística increíble, porque solo deben prender la cámara para hacer que miles se emocionen y si lo hacen de manera “espontanea” más creíble parece, mientras que una empresa que paga impuestos de todo tipo,  que sostiene una carga prestacional con sus trabajadores debe invertir millones de pesos para hacer lo mismo y lo mejor es que a veces no tiene ni la mitad de resultados.

Muchos expertos dicen que no se configura competencia desleal cuando una empresa por un cuarto del precio de una campaña tradicional contrata a un influencer para sobresalir en el segmento, pero, para nadie es un secreto que las ventajas son enormes, con efectos mucho más contundentes que el de su competencia utilizando mecanismos tradicionales, no obstante una de las nuevas medidas de la SIC es: “por lo menos coloca #publicidad” para que tus inocentes seguidores sepan que detrás de tu sonrisa fingida te están pagando”.

Para los que tratan de “bobos” o “fracasados con suerte” a los influencer que no aportan mucho a la sociedad desde el punto de vista académico o artístico: ¿Quién es más bobo? ¿El influencer que no tiene nada en la cabeza, pero gana millones sin mucho esfuerzo o el influenciado hace todo lo que él diga? Por cierto, no todos los influencer son malos, pero hay muchos que causan asco.

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