Nociones sobre la adopción simple en Colombia

En esta columna empezare por enunciar, como idea clave, que la familia siempre ha desempeñado un papel protagónico en nuestra sociedad, puesto que es la base o núcleo de la sociedad en que vivimos y por tanto es promotora directa del desarrollo y desenvolvimiento del ser humano, y la transmisora de tradiciones y costumbres humanas. Ella se constituye mediante la filiación, que es el vínculo jurídico que existe entre dos personas, en el que una es descendiente de la otra, por un hecho natural (biológico) o un acto jurídico, denominado adopción.

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Ahora bien, sobre el término adopción es preciso señalar que suele parecer un término escabroso a simple vista ya que tras de sí se esconden un sinfín de historias, cada una tan dolorosa como la anterior. Sin embargo, pese a connotaciones del pasado, el Gobierno Nacional y el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar plantean la adopción como: “una oportunidad para esos niños y adolescentes a los que, por diversas causas, les fue privado su derecho a la familia sanguínea”.

Antes del enfoque sobre la conceptualización de la adopción, nos remontaremos primero a los orígenes de la adopción en Colombia. Se sabe que la institución de la adopción en el derecho colombiano ha atravesado por diversos períodos en los cuales se le ha otorgado características y funciones diferentes. Uno de los primeros períodos es la Colonia, donde rigieron dos cuerpos legales. El primero, es el Fuero Real, que se refirió a la adopción como un acto solemne. El otro, es el Código de Las Siete Partidas, que denominó la mencionada figura como prohijamiento, cuya finalidad era establecer la relación de paternidad y de filiación civil, entre el adoptante y el adoptado, dejando entrever en ellas el precedente romano. Cabe añadir que el Código Civil de 1887 definió la adopción como “el prohijamiento de una persona, o la admisión en lugar del hijo, del que no lo es por naturaleza”. Se consideraba un contrato solemne, tramitado por un juez civil mediante escritura pública, en el que intervenían: el juez, el notario, dos testigos, el adoptante y el adoptado, siempre y cuando fueren mayores de edad.

Si nos atenemos a lo que dispone la normatividad en Colombia, más específicamente lo regulado en el Artículo 61 de la Ley 1098 de 2006 o Código de la Infancia y la Adolescencia de Colombia, podemos deducir la importancia que tiene la adopción en Colombia toda vez que se considera principalmente y por excelencia, una medida de protección, bajo la suprema vigilancia del Estado, a través de la cual se establece, de manera irrevocable, la relación paterna filial entre personas que no la tienen por naturaleza.

Siguiendo la noción anterior, se puede concebir entonces, que la adopción es más que el derecho a que un niño tenga una familia, se trata de una medida de amparo para niños, niñas o adolescentes, que busca garantizar que ellos tengan el acceso a los valores y sentimientos que les haga crecer en un sano y libre desarrollo integral dentro de una verdadera familia, si bien es cierto que no sería familia biológica, tampoco es menos cierto que no se aportaría el amor y cuidados necesarios semejantes al que se transmite en el de una familia biológica. Sería entonces como la que existe entre miembros unidos por lazos de sangre, con todos los derechos y responsabilidades que a ella le implican.

Por otro lado, cabe mencionar que la adopción en Colombia crea la obligación por parte del adoptante de cuidar y asistir en todo momento, dentro de la medida de sus posibilidades, al hijo adoptivo, a educarlo, apoyarlo en la parte económica, moral, espiritual, respetarlo, amarlo y proveerlo de todos los recursos materiales e inmateriales necesarios para que crezca dentro de un ambiente sano de buena convivencia y de solidaridad mutua.

Como ya todos sabemos, el principio de toda familia no es otro que el de ofrecer al niño, niña o adolescente, según sea el caso, protección, amor, cuidado y la asistencia oportuna, no sólo física sino emocional y espiritualmente ya que estas condiciones son necesarias para que crezca en un ambiente de bienestar, afecto y solidaridad. Supongamos que cierto infante de 15 años de edad, fue víctima de abuso sexual y quedó embarazada. Ella, de manera natural no deseaba tener un hijo producto de la violencia, pero tampoco se sentía capaz de abortar, así que tomó la decisión de entregar el bebé en adopción al Instituto de Bienestar Familiar quien es el encargado de orientar estos procesos de adopción.

Conforme a lo anterior, podemos sintetizar que la adopción es un derecho pero no de los padres, sino de los niños, a fin que esta medida de protección permite que los niños, niñas o adolescentes en situación de abandono (sea por cualquier motivo) cuenten con el amor, cuidado y asistencia que hubiesen podido tener junto a padres biológicos. Si bien el proceso de adopción trae consigo algunos efectos como los son las obligaciones que adquieren los padres adoptivos para con sus hijos, en la adopción también se establece un parentesco civil entre el adoptivo y el adoptante, que se extiende en todas las líneas y grados a los consanguíneos, adoptivos o afines de estos.

 

 

 

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