Urge regresar al aula. ¿Estamos preparados?

Por: Marcos Daniel Pineda García

“La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo”. Aunque no me gusta pensar en la educación como un arma, no soy quien para alterar la frase del célebre Nelson Mandela, mucho menos cuando le asiste tanta razón a sus palabras.

Y es que si la humanidad ha llegado a tal grado de evolución, ha sido gracias a la educación, por eso la falta de ella se convierte en su principal amenaza.

Durante más de un año, la pandemia por Covid-19 nos ha puesto ante una de las  prueba más duras que ha enfrentado el hombre en la última era. Si bien la ciencia médica es la primera línea de defensa en esta batalla mundial, es la educación la que nos ha dado las herramientas para hacerle frente al virus, que amenaza nuestra vida y nuestra esencia.

El 2020 fue un año de pérdidas, nadie esperaba que la noticia de una epidemia “del otro lado del mundo”, pasara de ser un titular lejano a convertirse en una realidad que nos golpeó y lo sigue haciendo; más de 54 mil personas fallecidas, solo en Colombia, lo confirman. La pandemia nos ha obligado a aprender a valorar más la vida, amar con más fuerza a nuestras familias y entender que en cualquier momento podemos perderlo todo.

Precisamente, fue el sector educación uno de los más golpeados por este fenómeno, para el cual, reitero, nadie estaba preparado. Fue un salto brusco hacia la virtualidad iniciando el 2020, con millones de niños y jóvenes obligados a encerrarse en sus casas y docentes en una carrera contra reloj para adaptarse de golpe a una metodología 100% virtual, en un país donde la cobertura de internet es desigual. Cómo olvidar la historia viral de la niña en la zona costanera de Córdoba, que a diario tenía que trepar un árbol para recibir sus clases, pues solo así su teléfono captaba señal.

Nos vimos enfrentados a un nuevo reto como sociedad y estado, con miles de niños que no pudieron estudiar o desarrollar sus actividades, por no contar con un smartphone, un computador o una tablet, y para quienes el internet, antes de todo esto, no era una necesidad.

Nuestros estudiantes han permanecido mucho tiempo fuera su ambiente académico, donde no solo aprenden lo que sus profesores les enseñan, sino también adquieren habilidades sociales para vivir en comunidad.

Hoy, la incertidumbre golpea nuevamente nuestras puertas: debemos decidir si enviar a nuestros hijos al colegio o dejarlos en casa bajo la modalidad de educación virtual. Sabemos que la presencialidad, como la conocíamos antes, está descartada, y se presenta la opción de la alternancia, con la que según sondeos, la mayoría no estaría de acuerdo.

Esta última alternativa parece la más oportuna para retomar el proceso, pero se debe explorar extremando protocolos de bioseguridad, los cuales deben ser responsabilidad de toda la comunidad educativa.

Urge regresar al aula, es cierto, pero también urge que las  instituciones tengan las condiciones adecuadas para una alternancia segura para profesores y estudiantes. Es necesario que el Gobierno nacional rodee aún más a los equipos de docentes, administrativos y padres de familia del país, e incluso se piense en incluir a los profesores en la primera fase de la vacunación contra el virus.

Urge regresar al aula, sí, pero gradualmente, con todas las condiciones de bioseguridad, con prudencia y con el compromiso de todos, para asegurar que la educación siga siendo el camino y los niños y jóvenes el futuro de la humanidad.

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