Veintiun años del crímen de Iván Garníca Diaz

Por: Horacio Garnica Díaz.

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horagardiaz@hotmail.com 

El martes 18 de septiembre de 2001 fue un día fatídico e imborrable en la memoria de la familia Garnica Díaz.

Minutos después de las 7 de la noche recibí una llamada presagiadora de una desgracia anunciada que me decía que al frente del estadio de béisbol Eugenio Valdés de Montería, habían asesinado a una persona parecida a Iván, que conducía una camioneta parecida a la de él, y que me conformaría. A los pocos minutos, me dijeron: “Es él”. Quedé impávido. No sabía qué hacer. Lágrimas por dentro y por fuera reflejaban mi congoja. El dolor que provoca la muerte de un ser querido es incalmable.

Reponiéndome un poco y rápido de nuestra desgracia;

buscaba en la mente las palabras apropiadas, si es que existen, para decirle a nuestra madre Amadita, de 72 años, que acababan de asesinar a Iván. Fingí valor. Mi corazón se quería salir. Me acerqué a ella con un fuerte turugo en la garganta que no me dejaba hablar por los ojos inundados de lágrimas que sospechó de inmediato que algo malo había sucedido. Antes que me preguntara: “¿Qué pasó?”, le dije: “Acaban de asesinar a Iván”.

Con esta infausta noticia le asesté a mi madre una herida insanable, no solo en su físico, sino en su espiritualidad, porque para el sufrimiento eterno de una madre jamás hay consuelo ni olvido que valga cuando pierde a un ser de sus entrañas como es un hijo.

Días previos al crimen de Nacho, el exboxeador Miguel Aguado llegó adonde mi hermano Rafael, quien era director de INDEPORTES, para que le colaborara con el fin de arreglar su moto. En efecto, mi hermano le colaboró sin saber el por qué

Miguel Aguado quería tener la moto en buen estado. Más adelante lo sabrán.

A mi hermano Iván, Nacho o Vancho, como con cariño le decíamos, fue asesinado por orden del genocida Mancuso. El crimen lo consumaron Carlos Andrés Palencia González, alias Visaje, experto pistolero, y la moto era conducida por Miguel Aguado. La moto que mi hermano Rafael, sin saber, ayudó a Miguel Aguado para que la arreglara, vehículo que sirvió para que asesinaran a

Vancho. Entiendo que Visaje está preso y a Miguel Aguado lo volvieron picadillo en Valencia sus propios compinches de las autodefensas porque “supuestamente” se desmadró.

Días después del asesinato de Vancho, Miguel Aguado llegó a INDEPORTES y le dijo a mi hermano Rafael que había estado en Valencia donde escuchó una conversación sobre la muerte de Iván, que no dijera nada y que si decía algo, él negaba, y le comentó que la muerte de Iván era con el propósito de sacar a los Garnica de la Universidad.

Analizaron nombre por nombre. A Horacio, no lo asesinaban porque el crimen lo asociaban con un hecho sindical, y ese no era el mensaje. A Rafael, no; porque era director de INDEPORTES durante la gobernación del

Mono López, y no querían problemas con el mandatario. Entonces escogieron a Iván para matarlo porque Víctor Hugo, rector de la Universidad de Córdoba nombrado por el Consejo Superior por orden de Mancuso, en reunión realizada en Ralito ordenaron a asesinar a Iván porque el prófugo de la justicia, el rector Víctor Hugo, temía que Iván se lanzara como candidato a la rectoría de la Universidad de Córdoba.

A los diez días del asesinato de Iván, el criminal Mancuso ordenó que me asesinaran. Por fortuna me informaron y salí por una temporada de Montería. De nuevo Miguel Aguado le comenta a mi hermano Rafael que me querían asesinar porque yo era considerado un gran elector en la escogencia del representante de los egresados en el Consejo Superior.

En una audiencia de Justicia y Paz, Mancuso después de confesar la autoría del crimen de Iván, al preguntarle mi hermano Rafael el por qué tanta persecución a los Garnicas, respondió porque no eran afectos al proyecto paramilitar.

Gran parte de la racha de crímenes que ocurrieron en Córdoba y Colombia sucedieron después de la firma del Pacto de Ralito, el 23 de julio de 2001. Ese día varias camionetas finas, con vidrios polarizados irrumpieron en las trochas polvorientas de este caserío, transportando a muchos de los llamados “padres de la patria”, los que Petro decía en el senado de la república: “En el día debatían leyes y en las noches preparaban masacres”. Estás verdades y muchas otras siguen ocultas en las entrañas de la violencia, y no han sido contadas en la JEP.

Y, eso de que no éramos los Garnicas afectos al proyecto paramilitar, lo decía por nuestra ideología diferente a la de Mancuso y por acusarnos de vínculos con la guerrilla. Le tocó a Mancuso en una audiencia pedirle perdón a mi hermano Rafael por el crimen de mi hermano Iván.

Al oir la bella y sentímental canción vallenata: MI HERMANO Y YO, de los Hermanos Zuleta, retrotraigo la figura buena,.en toda la amplitud de la palabra, de mi inolvidable hermano Iván, y, parodio a Emiliano cuando dice que con su hermano ha batallado para poder vivir. Así fue Iván con sus padres, sus hermanos y la familia: un batallador, no sólo por los suyos, también por los demás.

Aquel desgraciado 18 de septiembre de 2001 para nuestra familia; a las siete de la noche, después de pasar mi hermano por un puesto de policía, ubicado en la hoy avenida del P5, más exacto, en el

Camarón, un árbol viejo que al poco tiempo también murió; a escasos diez metros del mencionado puesto policial, la mesnada compuesta por Visaje y Miguel Aguado impactó a Iván por la espalda. Él desesperado aceleró la camioneta, pero al llegar al frente del Estadio Eugenio Valdés se le atravesó a propósito una camioneta blanca, él viró a la izquierda, por donde no había salida. Esta circunstancia la aprovechó Visaje para acribillarlo. Murió con los ojos abiertos, como mostrando su indefensión.

Cuentan que la gente le gritaba a los policías del retén antes mencionado:

“!Lo van a dejar matar!”. Y, lo dejaron matar. Era descarado el contubernio de las autoridades con el paramilitarismo. Todo esto lo declaré ante una justicia complaciente y genuflexa ante el paramilitarismo.

Hermano Iván, hoy al cumplirse 21 años de tu partida al más allá, sentimos tu ausencia física, pero sentimos tu presencia espiritual y te vemos con los ojos del pensamiento los recuerdos inmarcesibles que de ti tendremos mientras vivamos.

De nuestra madre, te digo que vive para nuestra dicha. Está bien y vive conmigo. Ella mantiene en su habitación una foto grande tuya. Ignoro su dolor y tristeza cada vez que te ve; igual me sucede cuando entro a su habitación, que lo hago con frecuencia para cuidar ese tesoro de amor inconmensurable.

IVÁN, “NACHO”, ¡SIGUES VIVO EN NUESTROS RECUERDOS!

Montería, La Perla del Sinú, septiembre 18 de 2022.

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