20 años de elefantes

Artículo de opinión de Arianna Córdoba

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Hace 20 años un grupo de periodistas obtuvo, por primera vez para el departamento de Córdoba, el codiciado y cotizado Premio Nacional de Periodismo “Simón Bolívar”, en la categoría “Mejor Crónica o Reportaje”. El trabajo con el cual se alzaron con la presea lo denominaron “Los elefantes blancos” y más allá de ser un triunfo para los periodistas o para el medio que le dio amplio despliegue a la investigación – El Meridiano de Córdoba- les ofreció a los cordobeses la oportunidad de enfrentar la realidad de sus municipios, donde las obras de ese entonces a medio terminar o inservibles eran el pan de cada día – o de muchos años-.

La población como anestesiada, era testigo de cómo mataderos (plantas de sacrificio) polideportivos, vías, aulas, mercados públicos, puentes, cárceles, entre otros, eran obras que se anunciaban con bombos y platillos, pero que nunca fueron terminadas o estuvieron subutilizadas.

Para esa exhaustiva investigación los integrantes del equipo periodístico de hace 20 años en El Meridiano se armaron de cámaras fotográficas (de las de rollo que eran las usadas en ese entonces); grabadoras, libretas, lapiceros y, sobre todo, mucha pasión por su trabajo y compromiso social. Salieron a cazar elefantes blancos en todos los municipios de Córdoba; hoy vale la pena recordar cuáles fueron los paquidermos que encontraron y reportaron y que les merecieron el “Simón Bolívar” en el 2002.

Montería: en la capital de Córdoba fueron reportados como elefantes blancos hace 20 años lo que se conocía como el puente de la 41 (hoy obra culminada denominada Puente Segundo Centenario). En esa época la obra se había comenzado varias veces y reiteradamente la paralizaban; también en aquel entonces se consideraba un paquidermo de la ciudad la terminal de transportes, que por más fuerza que se hacía no despegaba; afortunadamente la obra se realizó y hoy presta sus servicios. Pero lo que sí quedó en veremos y estorbando fue el otrora llamado “Centro comercial de la 41”, que desde hace más de dos décadas es una mole inservible, tapiada y misteriosa en la concurrida vía.

Cereté: para el 2002 en la capital del Oro Blanco los elefantes blancos eran: una alberca con capacidad para miles de litros de agua que fue construida en las instalaciones de Eras, pero que no era utilizada y mientras tanto la población padecía porque no eran abastecidos con el preciado líquido en sus hogares. También en ese tiempo se habían invertido alrededor de 3 mil millones de pesos en una Villa Olímpica en el barrio Santa María de la localidad, a la que por falta de sostenimiento se la tragó la maleza y en vez de deportistas, la visitaban las serpientes y alimañas. Plata perdida.

San Carlos: allí se destacaba como elefante blanco un polideportivo que le ofrecieron construir a los sancarlenses frente al templo parroquial, sin embargo, la esperada macro obra terminó en una placa de cemento y cuando de la administración municipal de ese entonces fueron a averiguar sobre la suerte de la misma no se encontraron documentos, solo la razón de que la obra había sido liquidada.
También en el San Carlos de 2002 se destacaba otro elefante blanco: el alcantarillado para lo cual desde 1995, más o menos, se habían comenzado a instalar las redes, pero que dejaron así, sin terminar y sin respuestas a la población que tampoco contaba entonces con el necesario servicio.

Ciénaga de Oro: hace 20 años en esta localidad se habían invertido millonarias sumas para la construcción de un mercado público en cercanías al Cerro Caraballo, sin embargo, lo único que se había construido de la obra era una especie de terraza que no servía; allí también se destacó, entre otros elefantes blancos, un matadero que nació muerto, pues si bien lo construyeron no contaban con instalación de servicios públicos ni otras obras necesarias y hubo que cederlo a un colegio para que funcionaria allí un laboratorio de ciencias.

Sahagún: para el 2002 en este municipio había una importante manada de elefantes blancos vagando por todos lados. Entre estos, una terminal de transporte de la cual solo se habían levantado unos pilotes; un inmenso centro de acopio de granos totalmente abandonado, desvalijado y al que se tragaba el monte; también un polideportivo en el barrio San Rafael del cual sólo se habían construido unas gradas y un centro de artesanías que era utilizado como baño público y refugio de malhechores.

Chinú: bien, pero bien curioso uno de los elefantes blancos reportados en el 2002 en este municipio; una cárcel inconclusa que habían comenzado a construir 4 décadas antes (hoy tendría unos 60 años). El ingeniero que la construyó realizó una acta de entrega y como para ripley, según el Ministerio de Justicia este centro penitenciario estaba funcionando en aquel entonces, cuando para lo único que servía era para que la maleza se extendiera, la gente echara basura y las iguanas y ratones tuvieran albergue.

Planeta Rica: hace dos décadas en este municipio cordobés destacaban como corpulentos elefantes blancos una plaza de mercado que se había comenzado a edificar en 1996 y que al 2002 no se había concluido pese a que había recibido recursos económicos para tal fin en cuatro ocasiones; también “asomaba su trompa elefantina” una terminal de transporte intervederal, obra iniciada en 1999 pero que para 2002 estaba inconclusa y deteriorada; así mismo, una laguna de oxidación que habían paralizado en tres ocasiones pero a la que le destinaban en cada oportunidad dinero y más dinero para que la acabaran, pero como que esos billetes se los tragaban las aguas de la inservible laguna.

Pueblo Nuevo: otro caso como para echarse a llorar era el que se presentaba en esta localidad hace dos décadas; contaban con un viejo acueducto que prestaba sus servicios “por turnos”; el municipio estaba dividido en 10 sectores y llegaba agua a cada uno de estos, cada diez días. Para abastecer entonces a toda la ciudadanía al mismo tiempo, se aprobó la construcción de otro acueducto, de tal manera que con ambos funcionando se supliera la necesidad de la población. Sin embargo, no se avanzó en la adecuación del nuevo acueducto pese a que se había hecho el desembolso para la ejecución de las obras. El asunto pasó a mayores, fiscalía, entes de control y demás, pero del nuevo acueducto, no se supo por mucho tiempo.

Montelíbano: unos buenos recursos se destinaron para la construcción de un matadero en esta ciudad niquelera y para 2002 ya debería estar más que inaugurado y utilizado, sin embargo, se les olvidó que las obras requerían carriles para transportar los animales sacrificados, sistema de alcantarillado y laguna de oxidación; así las cosas, el nuevo matadero se había envejecido sin haber prestado servicio alguno. Otro paquidermo que reinaba a principios de siglo en esa localidad era la anunciada ampliación de un colegio de bachillerato que, según lo dicho, sería una maravilla. La comenzaron en 1996 y no quedó ni a mitad de camino; para 2002 era otra horrible y desvencijada mole de concreto.

Puerto Libertador: eran muchas las precariedades las de “Bijao” en 2002 y a las carencias se sumaban elefantes blancos, como la ampliación del Colegio Departamental de Bachillerato, que comenzó desde 1997 más o menos y que estaría dotado con aulas de informática, sala múltiple, biblioteca, salón de profesores, suficientes aulas y demás; sin embargo, parece que la gasolina se acabó a la mitad del camino y lo que debía ser un centro de estudios se convirtió en cuevas para que se escondieran los estudiantes cuando querían faltar a clases.

La Apartada: dentro de los elefantes blancos reportados por El Meridiano en el colectivo ganador del “Simón Bolívar” en el 2002, hay uno que sin duda daba cuenta del “ingenio” para “emparapetar” las obras de infraestructura. Fue el caso de La Apartada, donde pavimentaron las vías, pero como no tenían alcantarillado, entonces echaron concreto en los dos lados de cada calle y en la mitad le pusieron adoquines, para que cuando consiguieran los recursos para el alcantarillado, solo tuvieran que retirar los adoquines e instalarlo. Las vías parecían con esa mezcla de concreto y adoquín una colcha de retazos; lo peor es que por ese entonces no se veía ni lejos ni cerca la llegada de recursos para el alcantarillado.

Ayapel: dentro de los elefantes blancos que habitaban en Ayapel a principios del siglo XXI se proyectaba con poderío la pavimentación de la vía que de este municipio conduce a La Apartada (40 kilómetros). Ya para ese entonces era una obra añeja, se había comenzado en 1983 pero solo pavimentaron 3 kilómetros en el sentido La Apartada – Ayapel y hasta ahí llego; en 1994 retomaron las obras, pero no las continuaron por donde habían quedado sino que asfaltaron en sentido contrario 9 kilómetros más, es decir de Ayapel a La Apartada, quedando entonces 28 kilómetros – los de la mitad del camino- como carretera destapada.

Momil: sobresalían en 2002 varias obras inconclusas, dejadas a su suerte o subutilizadas en esta localidad; en las mismas, tal como en los demás elefantes blancos de Córdoba, lógicamente se habían invertido millonarios recursos. Dentro de las que fueron reseñadas en ese entonces están: la avenida Juan Charrasquiado, que no era usada por nadie, pero le invirtieron para iluminarla y los ladrones no demoraron en robarse las lámparas; un parque en el barrio Las Lamas, al que no le pusieron pisos, ni las piezas de los juegos infantiles ni tampoco las luminarias que estaban contempladas en el contrato.

Purísima: aquí fue señalado un mercado público que en ese entonces ya llevaba seis años construido, pero nunca fue utilizado; pues los comerciantes en ese entonces tenían sus negocios en casa y no iban a trasladarse a otro lugar donde tenían que pagar impuestos, servicios y arriendo. El único uso que para esa época se la había dado, era el de albergue temporal a quince familias damnificadas por el invierno que luego fueron reubicadas.

San Pelayo: en la tierra del porro para 2002 se fortalecían tremendos elefantes blancos, como un tanque elevado construido en el corregimiento de Carrillo en 1986 que nunca entró en funcionamiento y a cuyo contratista jamás volvieron a ver, así como tampoco vieron resuelto el problema de abastecimiento de agua que padecían y para lo cual se había construido la inservible mole. En otro corregimiento pelayero, Bongomella, las cosas no eran mejores en ese entonces, pues sus habitantes estaban felices al comenzar el siglo XXI puesto que les habían construido un acueducto para disfrutar de agua potable, lo inauguraron, pero a las dos semanas dejó de funcionar y adiós luz que te guarde el cielo.

Cotorra: por los lados de este municipio cordobés fue encontrado en el 2002 un elefante blanco hundiéndose en el fango y siendo devorado por la maleza. Era el mercado público de la localidad cuya construcción inició en 1996, pero al cabo de seis años no había sido concluido y difícilmente lo sería ya que se edificaba en terreno cenagoso.

Buenavista: una terminal de transporte que no utilizaban, un mercado público que comenzaron a construir en 1997 y estaba paralizado; una cancha de baloncesto que completaba 15 años sin mantenimiento y por ende, estaba totalmente deteriorada y una solución de vivienda para 86 familias que se había convertido en un barrio fantasma, fueron los elefantes blancos de este municipio en el 2002, de ellos, llama mucho la atención el último, el de las 86 casas construidas que nadie quería habitar y era lógico, pues no contaban con servicios públicos ni con las acometidas para instalarlos…

Canalete: el polideportivo que le habían prometido a los habitantes de este municipio se quedó en las puras ganas, puesto que para 2002 y desde que había comenzado la construcción de lo que sería un lugar de recreación, integración y deporte, quedó inconcluso; a ese proyecto, además de la inversión inicial, le habían hecho las respectivas adiciones y lo único que se evidenciaba de la obra eran una tribuna sin techo, camerinos sin terminar. También se desilusionaron cuando vieron otro elefante blanco crecer y engordar en ese territorio, un mirador turístico cuyas obras se iniciaron rápidamente y las paralizaron también velozmente. De ese sueño solo quedó un enclenque ranchón sin piso y cuatro pilotes. La manigua se lo tragaba.

Tierralta: en esta localidad se proyectó la construcción de un moderno polideportivo, del cual para 2002 sólo contaba con dos arquerías y una deteriorada pista atlética; el resto del terreno donde debía realizarse la obra era utilizado por finqueros para llevar a pastar ganado; otro elefante blanco de ese entonces era el mercado público, construido pero nunca utilizado, allí la edificación se iba envejeciendo y deteriorando con el paso de los días y los años. Y otro paquidermo inquietante era el nuevo – en ese entonces- matadero que como nadie lo usaba, solo algunas personas sin hogar pernoctaban allí, mientras que el sacrificio de las reses lo continuaban haciendo en el antiguo matadero, a orillas de la quebrada Jui, en la cual arrojaban los desechos de los animales.

Valencia: la buena noticia es que el que fue, por muchísimos años el elefante blanco de esta localidad finalmente dejó de serlo. Sí, el famoso puente de Valencia, desde 2002 estaba pendiente de ser construido y así fue reportado por El Meridiano.

Lorica: figuraba como uno de los elefantes blancos de esta ciudad, en 2002, el entonces nuevo matadero municipal, construido en la vía que conduce a San Bernardo del Viento; a la estructura le faltaron equipos para el sacrificio de animales y la correspondiente laguna de oxidación; pero como en todo caso tenían que sacrificar reses, lo hacían a las afueras del lugar, sí, ahí a la intemperie en las más precarias condiciones. No era ese el único paquidermo en Lorica en 2002, también sobresalía un mercado público que se quedó en columnas y no fue concluido, así como tampoco el puente sobre el caño Chimalito, del cual solo se habían construido dos pilotes y que varias administraciones de turno habían prometido terminar, pero eran solo promesas.

San Antero: en 2002, pese a haber sido terminada y entregada, la flamante terminal de transporte de esta localidad no era utilizada. Solo un barbero informal usaba las entonces modernas instalaciones para ofrecer sus servicios al igual que una droguería, por lo demás, allí ni transportes ni carros ni buses y mucho menos pasajeros. Eso sí, muchos locales vacíos y una “pinta” de elefante blanco que no se la quitaba nadie.

Chimá: muy irónico resultó el elefante blanco de este poblado, era un enorme tanque elevado construido para suplir las necesidades de agua potable en la comunidad, sin embargo, aunque para 2002 ya completaba 10 años de haber sido entregado a satisfacción nunca fue utilizado porque no había manera de bombear el agua y la población debía buscar el preciado líquido en un pozo ubicado a la entrada del pueblo.

San Andrés de Sotavento: el elefante blanco que más destacaba en este municipio era el que asomaba su trompa y orejas en Tuchín – hoy municipio- allí las columnas de lo que debía ser un mercado público a orillas de la carretera sobresalía en el paisaje. Pero el casco urbano de San Andrés no estaba desprovisto de paquidermos, la manada la completaban hace 20 años una biblioteca subutilizada y una terminal de transporte que parecía era “mucho” para la localidad que no la usaba.

Puerto Escondido: a inicios de 2002 debía estar entregado a completitud y en servicio el puente que se había previsto entre los corregimientos de Cristo Rey y Villa, pero ¡qué va! No se habían completado ni el 30% de las obras, de las que lo único que se había adelantado eran las bases, que además se habían “rodado”; no era el único elefante blanco en Puerto Escondido, donde también estaba una parroquia en el barrio El Planchón, que dejaron inconclusa y las ruinas de lo que debió ser un lugar para la reflexión y oración se convirtió en un patio para sembrar ajonjolí, yuca y plátano.

Los Córdobas: a los habitantes de este municipio también les prometieron un completo polideportivo, que, como en otros municipios, se quedó solo en los planos, puesto que comenzaron los trabajos para construirlo pero al poco tiempo los dejaron y para 2002 lo único que había en donde deberían estar varias canchas y equipamientos deportivos, eran dos porterías destartaladas, corroídas por el salitre. Fue un tremendo elefante blanco y marino.

San Bernardo del Viento: tres elefantes se balancearon y pasearon por este municipio cordobés durante largos años; para 2002 se destacaban, entre otras obras inconclusas, la ampliación del mercado público que se había iniciado unos seis o siete años atrás y solo habían alcanzado a terminar la mitad de los trabajos, los planos se extraviaron y el contratista parecía que se lo había tragado la tierra. Otro paquidermo, fue la remodelación del hospital que quedó inconcluso; no se sabía nada sobre quién adelantaba la obra ni cuánto se había invertido. Y como para variar, también un polideportivo a las afueras de San Bernardo se había quedado a su suerte, no le hacían mantenimiento, se deterioró y era usado como lote de engorde, en vez de deportistas, el lugar era frecuentado por vacas y terneros.

Moñitos: este municipio de la zona costanera de Córdoba, padecía en 2002 con muchos problemas, era como si mientras el resto del mundo estaba ya ubicado en el siglo XXI, allí, apenas estaban despidiendo el siglo XX. El elefante blanco que se imponía en la localidad en ese entonces era una supuesta casa de la cultura, que se quedó en una estructura inconclusa, triste y abandonada de la que nadie daba razón de contratista o recursos.

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