El ser padre

Como ya es costumbre las celebraciones que exaltan una actividad, identidad o institución, se promueven desde lo comercial, la publicidad acompañada de frases que idealizan o resaltan las cualidades de quienes son objeto de celebración no se hacen esperar, pero pareciese que todo se tratara de vender algo con la excusa de la celebración.

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Si algo es cierto es que alrededor de estas celebraciones se suscitan variados sentimientos, algunos recuerdan momentos felices, otros se entristecen por no tenerlos, otros son indiferentes, en definitiva, cada quien asume de manera distinta la celebración.

Las celebraciones que incluyen la exaltación del papel y la figura de miembros de la familia, como el día de las madres o el del padre, requieren un poco más de reflexión en cuanto a su sentido. Es así como un día de Madres, llega a ser una gran celebración en la cual todos queremos mostrar ese gran amor por quien nos ha dado la vida y de alguna manera retribuirle en parte, los sacrificios y el esfuerzo realizado por años de lucha.

No sucede así con el día del padre (y no es una queja por aquello de mi género) lo menciono con el ánimo de hacer la imperante reflexión y quizás una de las razones, es que se deba a la poca visibilidad que el papel de “Padre” tiene en la vida familiar y social, más aún cuando este “modelo divino” se ha venido desdibujando.

Todo inicia con el tiempo, si, el tiempo que se logra compartir con alguien, y este determina cuanto aprecio le llegas a tener a algo o a alguien, con quien has compartido gran parte de tu vida, por ejemplo: aquella prenda que la has tenido contigo desde niño (a), un juguete, una mascota o una persona que consideres ha acompañado tu crecimiento de forma cercana. Pero has pensado alguna vez ¿Por qué papá no está siempre en casa? Puede ser que esta interrogante nos lleve a resolver un poco la cuestión del tiempo.

Desde la perspectiva bíblica, el padre de familia tiene la responsabilidad de proveer, de trabajar, de llevar el sustento al hogar y ganar el pan con el sudor de su frente (Genesis 3:19) y en cuanto a la mujer se refirió Dios a su loable función de la maternidad, sin olvidar la mujer virtuosa (proverbios 31:10), pero en este caso nos atañe la reflexión sobre el padre.

Este modelo divino de la familia, encuentra sus especificaciones en el libro de proverbios 1: 8, donde expresa: …” Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, Y no desprecies la dirección de tu madre”. Con mucha claridad los padres tenemos cargos importantes dentro de la familia “Instructor para el padre y directora la madre, lo que hace discernir que quien da las instrucciones dentro de una empresa, no requiere estar de manera permanente en la ejecución, pero quien la dirige sí.

Para quienes están aún en el seno del hogar como hijos, deben entender que, si bien ambas funciones son honrosas e importantes, en su comprensión sabemos que son distintas, que encierran algunas actividades que diferencian de manera sustancial si visibilización en la familia. Podemos encontrar que muchos padres no aparecen en las fotos tomadas en momentos espontáneos dentro de la familia, pero eso no significa que no están cumpliendo su labor, de hecho, una de las más comunes razones para estar fuera de estos momentos es precisamente porque se encuentran trabajando por aquellos que quedan en casa.

Otro aspecto y tal vez uno de los más ignorados por la sociedad, es el hecho de que nuestra constitución como personas (desde la perspectiva bíblica de la creación) nos dice que Dios NO creo a dos seres independientes, sino que de un solo ser creado integralmente en el principio, se extrae otro el cual llega a ser su complemento (por obvias razones) de ahí salta el cuestionamiento…¿ que extrajo Dios del hombre?, no en vano una de las cartas paulinas recoge el consejo  de este sabio autor inspirado por Dios y enuncia: …”Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido”, este puede ser un indicio de eso que Dios extrajo de ese ser único, puesto que aconseja que el hombre “ame”, quizás sabiendo lo tosco, brusco o práctico que podamos llegar a ser cotidianamente, pero a la mujer no se le pide esto, ¿porque? Quizás porque amar es la naturaleza de la mujer, porque es habitual su sensibilidad, su ternura, su cariño, el afecto y la demostración de todas estas cualidades que fueron extraídas para ella.

Lo anterior no significa que los hombres, padres de familia no podemos llegar a ser tiernos o sensibles con nuestras esposas e hijos, solo que nos cuesta un poco más, al punto que Dios nos anima a esforzarnos en amar. Aunado a esto puede estar la cultura, esta que nos distanciaba de nuestros padres varones al considerar que: los hombres no lloran, por lo cual no había manifestaciones como abrazos o besos en momentos difíciles de nuestra infancia y adolescencia.

Sin embargo, existe un ejemplo poderoso de lo que significa ser padre desde cualquier perspectiva social, cultural, religiosa, entre otras. Y es el hecho de que Jesús, si, ese Jesús que vino a mostrarnos a Dios, no como el Dios grande fuerte y temible, sino a Dios como Padre.

No podemos admitir que la dificultad de expresar un sentimiento, por motivos culturales, de personalidad o de tiempo, sea la escala con la cual medimos el amor de un padre, debemos basarnos en aquellas acciones que hablan por sí solas, y  que deben ser reconocidas en un mundo en donde se gritan los malos ejemplos, se aprecia más la forma que el fondo y en el cual se resalta de manera equivoca que este papel puede ser realizado por “cualquiera” como si ser padre se redujera al acto mismo de fecundar.

Esta declaración errónea sobre el padre, conlleva a su deshonra, lo que contrae de manera inmediata al fracaso de los hijos que se ven incitados a desconocer el lugar de quien Dios determino seria su padre. Se debe entonces, cambiar el lenguaje del corazón que se pronuncia en frases como: ¡me toco ser padre y madre! desconociendo que tal figura es irremplazable, que por mucho esfuerzo que se realice para sobrellevar la ausencia de este, los vacíos de su autoridad, instrucción y ejemplo, evidentemente quedarán.

Cuando se es honesto frente a la importancia del papel del padre, salta a la vista su reconocimiento, la importancia de su respaldo, el brazo fuerte del hogar, la confianza y seguridad que inspira, entre otras. Conservemos el modelo divino de la familia, luchemos por el reconocimiento de su lugar en la base de la sociedad, no olvidemos que Dios también es padre y cuando desconocemos su lugar (de instructor) también salen mal las cosas, se generan vacíos, perdemos la confianza y la seguridad. Así que has tu propia reflexión acerca del papel de ser padre, y si no has tomado tu lugar…tómalo y si es que no has reconocido el lugar de aquel que te toco por padre…hónralo y veras que tendrás larga vida y todo te saldrá bien. (Deuteron omio 5:16). Artículo de opinión de: Augusto Sena.

 

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