Los renombrados organismos de control

La connivencia de la institucionalidad universal y nacional con la corrupción en el decurso de la historia; es ostensible y antiquísima. De la connivencia en el ámbito universal, hay muchos ejemplos, retrotraídos en dos publicaciones anteriores.

En el ámbito nacional; el primer escándalo de corrupción en Colombia, tiene ocurrencia en el año 1602 en una colonia española llamada Santa Fe de Bogotá, capital de la Nueva Granada. El “ilustre” corrupto, no es cualquier “Juan de los palotes”, es el Presidente de la Real Audiencia: Francisco de Sande. No sobra recordar que la Real Audiencia fue el más alto tribunal judicial de apelación en las Indias.

La Corona española le había entregado al “ratero honrado” Francisco de Sande, la suma cuantiosa en esa época de 1.500 pesos oro, para ser consignados en la Tesorería del Virreinato. En efecto, la consignación la realizó; pero en el arca de sus propios bolsillos.

La connivencia en comento, heredada del Imperio hispano; está “vivita y coleando” en la patria de hoy; debido a que: “LA CORRUPCIÓN ES FUNCIONAL AL MODELO DE ESTADO CAPITALISTA COMO MEDIO PERVERSO DE FINANCIARSE Y PERPETUARSE”. En esta lógica ilógica, no hay organismo de control que valga y que controle la corrupción y otras actuaciones de la administración pública. Y, mucho menos si quienes dirigen los susodichos organismos de control, han sido subalternos y amigos políticos del presidente de la república. Un ejemplo fresco, es la anticipada y anunciada elección de la Procuradora General de la nación; quien, al momento de su amarrada elección, fungía como Ministra de Justicia; entre otras cosas, con un mediocre desempeño.

En consecuencia, con lo antes dicho; la escena sainetal respecto a los procedimientos “fríamente calculados” para nombrar a cada uno de los Jefes de los organismos de control, es muy diciente e ilustrativo para colegir que están amarrados e impedidos para tener el nombre que tienen, debido al entrecruce de favores políticos; pública y claramente cobrables y pagados, de una u otra manera por ser nombrados en las supuestas Jefaturas de control.

El Procurador General de la nación, es elegido por el Senado de la República de terna integrada por candidatos del presidente de la república, de la Corte Suprema de Justicia y del Consejo de Estado.

  • El Fiscal General. Es elegido por la Corte Suprema de Justicia de una terna enviada por el Presidente de la República.
  • El Contralor General. Es elegido por el Congreso de la República de terna integrada por la Corte Constitucional, la Corte Suprema de Justicia y el Consejo de Estado.
  • El Defensor del Pueblo. Es elegido por la Cámara de Representantes de terna presentada por el Presidente de la República.

En todas estas elecciones o nombramientos está montado el Presidente de la República: de ayer, de hoy y los próximos. Y, podrán parodiar al “turco” cuando decía: “Unas veces yo estoy encima de ti y otras veces tú estás debajo de mi”. Todos nos llenamos la boca de esperanza cuando decimos: ORGANISMOS DE CONTROL “Cipote nombre” como dice David Sánchez Juliao en su obra “El Flecha” al referirse al Colegio Superior Departamental de Bachillerato y Carreras Intermedias, Lácides C. Bersal.

De los muy renombrados organismos de control, en algunos casos hacen show y dan golpes de opinión como para dar la sensación de que si, están controlando. Y, en este caso hay que parodiar a quien dijo: “NO CREO EN FLOJO NI QUE LO VEA SUDADO”.

Respecto al tema objeto de la presente columna, el Dr. Ernesto Tuta Alarcón, magister en Ciencias Económicas, ex contralor auxiliar de Bogotá, asesor en algún tiempo de la Auditoría General de la República y docente de la Universidad del Rosario en temas de control de la Hacienda Pública; categóricamente afirma:
“Pues digamos sin temor alguno a equivocarnos, que el modelo de Estado capitalista de control, los organismos que lo ejecutan, las normas y políticas que lo rigen, son funcionales al modelo corrupto que estamos analizando. En efecto, el modelo de control fiscal al manejo de los recursos públicos no vigila, no es independiente de sus vigilados, no controla, no evita el daño, no recupera; en fin no es efectivo, está agotado. Ha sido ideado constitucionalmente para no entorpecer los negocios privados del neoliberalismo en cualquier parte del mundo y sus más turbias transacciones con el Estado, incluso debilitando a éste; más mercado, menos Estado”.

Los renombrados organismos de control, sólo son renombrados por quienes ilusamente creen que de verdad son de control. Si así fueran, por lo menos la corrupción, se hubiera podido reducir a sus justas proporciones como dijera el extinto ex presidente Julio César Turbay Ayala. Y, otras actuaciones de los que encarnan la institucionalidad, también tendrían algún tipo de control. Hoy en Colombia esto es improbable por estar ante una especie de dictadura institucional al frente del Estado colombiano. Y, los ejemplos ilustrativos sobran para fundamentar tal afirmación.

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